PASAJE ENCARNACIÓN
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La segunda cuadra de Apurimac, antiguamente llamada la calle Cueva en memoria del erudito Juan de la Cueva, quien viviera allí durante el Virreinato, es hoy conocida por el habitante del centro histórico como Pasaje Encarnación, sin duda por el edificio del mismo nombre, que se levanta en la intersección con la octava cuadra del jirón Carabaya. Los limeños del siglo XIX, sin embargo, ubicaban el Pasaje Encarnación a pocos metros de distancia, entre la octava y la décima cuadra del actual jirón Contumazá. Lo cierto es que ambos pasajes deben su nombre al Monasterio de la Encarnación, que desde los días aurorales de Lima dio a esta dilatada área un uso definitivamente religioso. El padre Bernabé Cobo nos recuerda que “en grandeza de sitio hace ventaja este monasterio a todos los otros de monjas de esta ciudad, porque coge una isla de dos manzanas y  media de largo, dentro de la cual es tanta la cantidad de edificios que parece un pueblo formado, y en hecho de verdad lo es, pues viven encerradas dentro de él setecientas almas”.

Este complejo histórico pudo ser visto en pie hasta las dos primeras décadas del siglo veinte, cediendo una y otra vez sus espacios ante la imparable expansión de la ciudad y sus consecuentes expropiaciones. A mediados del  siglo XIX se le cercenó al Monasterio un área considerable para levantar la antigua Estación del Ferrocarril a Chorrrillos, que formaba esquina con la futura Plaza San Martín. La construcción definitiva de ésta supuso nuevos cambios, como la apertura del Pasaje Encarnación, llamado luego Pasaje García Calderón, y finalmente jirón Contumazá. Allí se edificaron bellos edificios de departamentos de estilo europeo. Por entonces ya no quedaban rastros del viejo convento de clausura.

Durante los años cincuenta del siglo XX se mudaron a dicho Pasaje destacadas familias, así como artistas e intelectuales. Con la crisis económica que golpeara al país en la década de 1980, muchas zonas del Centro Histórico cayeron en la debacle. El Pasaje Encarnación, especialmente las cuadras nueve y diez, se llenaron de bares y sus bellos edificios se tugurizaron. La delincuencia, el comercio de drogas y la prostitución tuvieron en este lugar uno de sus principales reductos. En octubre de 2004, el Instituto Nacional de Cultura (INC) declaró la zona como Ambiente Urbano Monumental. La Plaza San Martín fue por fin remodelada, recuperando en cierta forma su antigua prestancia, que la aproxima a su atrayente pasado histórico.

Bibliografía

-Orden de las Canónigas Regulares del Señor San Agustín de la Ciudad de los Reyes, Lima. Orden que se tiene en dar el ábito y en hazer la profession en el monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación. Lima: [s.n.], 1704. Biblioteca Nacional del Perú (BNP): Colección Zegarra. Código: XZ-v.7-20 Virreyes.

-Lima, la ciudad de los Virreyes. Guía de Lima, 1928. 

-“La calle Encarnación debe su nombre al Monasterio que se construyó en ese lugar”. En El Comercio, 16 de agosto de 1965. p. 5.

-Bromley, Juan. Las viejas calles de Lima. Municipalidad Metropolitana de Lima, 2005.

-Prieto de Zegarra, Judith. “Una monja en la Independencia”. En Ultima Hora, 27 de julio de 1978. p.11

-Gaceta nº 26. Publicación del Instituto Nacional de Cultura (INC). Enero de 2007. Lima, Perú. 

-Anónimo. “La Plaza San Martín cuenta su historia”. En La Prensa, 22 de julio de 1961. p. 7-8.